domingo, 14 de junio de 2015

LOS ANTIGUOS Y LA CORRIENTE NECRONÓMICA

Lamén Magia Necronómica del Templo de la Luna Azul

El Ocultismo en la actualidad ha podido en muchos interesantes casos, desprenderse de una postura “objetivista” en sus afirmaciones, postura que le ha llevado a creer en una tradición ininterrumpida y objetiva desde los tiempos antiguos hasta el presente. Irónicamente esos “serios” ocultistas que no han superado dicha fase, adolecen del mismo “mal” que dicen encontrar en corrientes como la Gnosis Necronómica, pues no son conscientes del elemento fantástico/mítico presente en sus propios sistemas y sin embargo lo ven y denuncian en otros.

La historia de la Tradición Esotérica Occidental está jalonada de mitificaciones elaboradas sobre unos restos mínimos que han sido trabajados por sus exponentes hasta llevarlos a su presente expresión, en la que lo que hoy es dicho sobre su supuesto origen y forma de trabajar, nada o casi nada tiene que ver realmente con lo que en dicha tradición se hacía siglos atrás, en muchos de los casos incluso no hay rastro de la existencia de la misma si miramos más atrás de sus actuales exponentes, como sería el caso por ejemplo de la supuesta herencia Atlante en la que muchas órdenes esotéricas de la actualidad dicen hallar sus inicios.


El actual sistema qabalístico, al que se ha dado en llamar Qabalah Hermética, tiene poco que ver con lo que se entendía por Cábala en la Edad Media o el Renacimiento; los sistemas o variantes del Odinismo y la Magia Rúnica, han visto igualmente añadidos y más que añadidos en el último siglo que lo han convertido en algo que sus parientes pretéritos, practicantes del mismo no sabrían reconocer más que como un “primo muy lejano” del sistema que ellos trabajaban; o el Rosacrucismo de hoy en día, con tantas y tan diferentes versiones, que no es el que se enseñaba en las logias hace unos siglos.


Así que partamos de la base de que todo sistema esotérico es una elaboración sobre material precedente, un reajuste del mismo hecho adecuado para los paladares y perspectivas de los individuos del momento en que es expuesto.

Por otra parte los libros o textos fundacionales en los que se basan, si bien en la antigüedad eran considerados como fuentes objetivas de conocimiento oculto, a día de hoy y tras una amplia investigación historiográfica de muchos de ellos, se sabe que son modificaciones y readaptaciones de otros textos más antiguos, en los que los copistas introducían igualmente movidos por intereses particulares o por encargo, cambios que los hacían más afines con sistemas de pensamiento que pretendían encontrar en ellos su razón de existir, o la ratificación de sus filosofías.

Igualmente hay otra gran división producto de la revelación que el escritor tuvo o dice que tuvo y que plasmó sobre el papel, quedando para la posterioridad como pilar sobre el que se erige un sistema o tradición, lo cual hace que toda una corriente esté fundada sobre la subjetividad de un único individuo.

Y si miramos detenidamente a los dioses, veremos que su manifestación o expresión aparece solo cuando hay individuos que los contactan o crean, ambas cosas en última instancia son lo mismo, pues el contacto se realiza a través de un vínculo que conecta al vasto mundo interior con el igualmente vasto mundo exterior, siendo este es la propia mente o consciencia del experimentador, de ahí que lo que se le revela esté teñido por sus patrones de pensamiento y por lo tanto esté en estrecha relación con las proyecciones de su propia mente inconsciente.

Los grandes panteones de dioses paganos por ejemplo, son el resultado del contacto de esas gentes con lo sobrenatural y la concreción de dicho contacto en personificaciones muy humanas de las entidades o seres contactados. En algunos casos se puede llegar incluso a considerar dichos panteones, como catálogos de los diferentes tipos de personalidad que se pueden dar en la especie humana, de ahí que se constate en ellos la manifestación psicológica de los arquetipos.


También nos encontramos con casos en la historia religiosa de la humanidad, en los que los panteones tienen un origen muy similar al lovecraftiano, como es el caso de la religión griega, que no cuenta con unos textos sagrados, sino más bien una serie de textos literarios cuyos dos máximos exponentes son Homero y Hesíodo. El primero tiene grandes similitudes con Lovecraft pues sus epopeyas, la Ilíada y la Odisea, al igual que los relatos lovecraftianos, muestran a los dioses en sus relaciones con los seres humanos.

Es gracias a las mismas que nos enteramos de la existencia de los dioses, de sus caracteres, de sus intrigas para con la humanidad, así como de los ritos para propiciarlos, en una forma que nos recuerda en gran medida a cómo Lovecraft entreteje sus historias, quien con gran destreza nos cuenta los horrores cósmicos que los Antiguos ponen al paso de sus incautos personajes. Por otra parte, la Teogonía de Hesíodo aun no siendo similar a la obra de Lovecraft o a la de Homero, no obstante es una manifestación más de que está en las manos de un poeta dejar constancia de los mitos sobre la creación del universo y la genealogía de los dioses, viniendo a ocupar el lugar del “libro revelado” tan importante en otras religiones.


En el caso de Lovecraft, la fuente principal para la creación de sus mitos la encontramos en las experiencias oníricas que tuvo a lo largo de toda su vida, siendo su creatividad y sensibilidad artística a la hora de escribir sobre ellas, la que les dio una expresión literaria ordenada y estructurada.

Como podemos ver, no es la primera vez que se dan casos muy similares a lo largo de la historia en los que una mitología, un panteón divino o unos textos fundacionales religiosos o mágicos, son el producto de una creación o recreación subjetiva o/e incluso literaria. Este hecho tampoco implica por otra parte que haya que considerar a todos los mitos, no solo a los Necronómicos, como falsos, tomando a la incredulidad por bandera hacia todo lo esotérico, sino más bien sugiere que hemos de buscar el origen de lo sagrado y la historia de su expresión en la humanidad en una fuente más sutil que aquella en la que se ha dado por sentado que se encontraba, abandonando eso sí esa pretensión errónea de que lo espiritual es tanto en su origen como en su desarrollo un fenómeno objetivo, que goza de unas fuentes históricas verídicas, para abrazar la liberadora visión subjetiva de lo sagrado, para hacer profundizar en esa dirección nuestra búsqueda y permitir que la riqueza interior que portamos en nuestras mentes se manifieste.


Empecemos con la Corriente Necronómica en el punto obvio de que todas las versiones existentes del Necronomicón, así como el resto de libros o escritos relacionados con dicho texto, son ficciones en tanto en cuanto son creación de alguien que se ha visto inspirado en su fuero interno por la obra de Lovecraft, pero teniendo en cuenta que aun cuando no pueden ser considerados como fuentes históricas, pueden no obstante servir como una inspiración o un objeto externo sobre el que proyectar nuestros contenidos inconscientes, pudiendo así ser usados en nuestros propios trabajos con esta magia.


Se menciona a menudo que incluso el autor reconoció que todos sus relatos eran mera ficción literaria y que el nombre de Abdul Alhazred fue una invención suya de la infancia, tras leer 'Las Mil y Una Noches'. Como ya hemos visto, todos los dioses mitológicos son invención de la humanidad en épocas más o menos tempranas, con lo cual los Antiguos no son menos válidos o verídicos desde un punto de vista espiritual, que los antiguos dioses de los panteones mitológicos de todo el mundo. Es verdad que hay gran diferencia en cuanto a la antigüedad de los mismos, ya que su aparición cultural y su posterior aplicación en la Magia son recientes, pero aún así tanto unos como otros son producto de la invención de mentes humanas, nacidos en respuesta a las necesidades espirituales y mágicas de los momentos históricos que los vieron nacer tanto a los unos como a los otros.

La manifestación espiritual que son los Antiguos en la actualidad, refleja que hoy en día las entidades Lovecraftianas vienen a expresar necesidades espirituales contemporáneas, y si las observamos de cerca, comprenderemos que las mismas están marcadas por una sensación de extrañeza ajena a nuestra mente consciente y racional, viniendo con ello a recalcar la necesidad humana de ir más allá de lo conocido, de traspasar los estrechos límites de la consciencia intelectual que es el signo de nuestro tiempo. Los Antiguos son símbolos apropiados para las fuerzas de lo inconsciente en nosotros, un inconsciente prepersonal y primitivo, asociado a la tierra y todo lo ctónico, útero primigenio del que nos hemos separado en nuestro desarrollo para llegar a ser seres adultos y autosuficientes, tanto individual como colectivamente, pero a la vez y paradójicamente, están relacionados con las regiones más alejadas de nuestro cosmos más cercano, esas regiones del espacio cósmico que podríamos considerar transplanetarias, por estar más allá de nuestro sistema solar/planetario y que han sido dadas en llamar en el Esoterismo, Corrientes Estelares. Representan a nivel humano y psicológico, tanto lo inconsciente previo al desarrollo de la personalidad y su centro de gravedad en el yo consciente, como lo inconsciente no realizado aún, los contenidos potenciales y transpersonales que esperan a ser descubiertos y que se les permita desarrollarse como nuestra futura evolución posible tanto como seres individuales, como seres pertenecientes a la especie humana.


Por todo esto no es lógico asociar a las entidades Lovecraftianas con cualquiera de los panteones mitológicos, no al menos con las deidades que en los mismos representan aspectos que podrían relacionarse desde un punto de vista psicológico, con la consciencia y sus múltiples rasgos o caracteres. Dichos dioses sintonizan por su naturaleza con figuras mitológicas tales como los Titanes en la mitología griega, con los dioses Fomorianos en la mitología celta, con los Gigantes en la mitología nórdica y un largo etcétera de deidades antagonistas que aparecen en todas las culturas, representando a esos dioses salvajes y caóticos, anteriores a la aparición o victoria de los posteriores dioses de la luz, el orden y la civilización, porque son fuerzas primigenias, instintivas, ctónicas, que el proceso civilizador de las distintas culturas ha ido dejando atrás para poder llegar hasta el albor de la civilización.


Ha sido necesario en la historia de la humanidad, desde el punto de vista del desarrollo psicosocial, que se abandonaran estas expresiones extáticas y desenfrenadas para ir paulatinamente creando sociedades y cultos más conscientes y ordenados, fue un requisito obligatorio si el ser humano quería adaptarse a un estilo de vida menos nómada y fraccionado, pasando de vivir en células pequeñas, como eran las tribus, a un estilo de vida propio de poblaciones más densamente habitadas, en las que el orden y la estructura pudieran salvaguardar y proteger los intereses tanto individuales como colectivos.


Ese cambio en el estilo de vida supuso un alejamiento de la Naturaleza y de todo lo salvaje, tanto en el entorno como en el ser humano a nivel psicológico, de ahí que surgieran cultos más elaborados y refinados, con castas sacerdotales y mitos que estuvieran en armonía con dicha nueva situación psicosocial. Dichos mitos incidían en la demonización de las deidades anteriores y la aparición de unas nuevas más luminosas y benignas, que enfrentadas en batalla con las antiguas las vencían y relegaban a las regiones inferiores. Paralelamente ocurría a nivel psíquico en los individuos, que iban abandonando las expresiones agresivas e instintivas de sus propias naturalezas internas, para dar paso a un estilo de vida y relación con el resto de la comunidad que les permitiera vivir menos conflictivamente en esos nuevos entornos densamente poblados, y este cambio de mentalidad necesario era refrendado e incitado por los nuevos cultos que surgían como expresión de esas nuevas necesidades y desafíos que la vida en poblados o urbes implicaba. La batalla entre los dioses de la luz y los dioses de la oscuridad y el caos, y su victoria sobre ellos era un modelo prototípico en el que basar sus nuevas vidas. Como será claro a cualquier buen observador, las deidades del caos y la oscuridad son el prototipo al que pertenecen los Antiguos de la Corriente Necronómica.


No obstante ni los dioses de la oscuridad y el caos, ni la naturaleza instintiva de los seres humanos fueron eliminados sin más, fueron apartados, alejados y reprimidos, los dioses a regiones ocultas de la realidad y los instintos y sus lícitas necesidades, a los oscuros recovecos del inconsciente. Igualmente ambos reaparecen al tiempo, impulsando desde las profundidades en un ansia de totalidad que encuentra su camino hacia la consciencia de los individuos que desencantados con la realidad en la que la sociedad les ha enseñado a creer, se abren a las regiones ocultas tanto del universo como de sí mismos. Esta es la razón de ser de la Corriente Necronómica, un hálito de aire fresco en la castrante visión del mundo imperante en la actualidad, una nueva imagen apta para el paladar del hombre actual, que es insuflada de vida por fuerzas primigenias que están con nosotros desde tan antiguo como la aparición del ser humano sobre la tierra y quién sabe si incluso desde más atrás. 

Por Manon

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