miércoles, 13 de agosto de 2014


SEPUKKU
Los humanos me decepcionan, constantemente, inevitablemente.
Pocos son en verdad los escasos momentos en que encuentro consuelo y recreo para el interior de mi espíritu.

Solo, en compañía de unas velas, meditando en Zazen, con la única presencia del silencio que todo lo llena y en nada acompaña, pues te enfrenta a tu propio vacío.
Ese vacío que he aprendido a comprender, amar y buscar, pues es respuesta a todas mis preguntas.
Ese momento de comunión enfermiza, cuando comprendes que la única realidad es la nada, el beso de la muerte, que jamas llega tarde a ninguna de sus citas.
Un compromiso que todos adquirimos, ante el cual todos nuestros sueños son insignificantes, en su presencia todo se vuelve intrascendente y pasajero por lo inútil de su intención.
Hay que aprender a morir, pues vivir no es más que eso, un continuo aprendizaje para la muerte, el supremo momento, la gran y única prueba, esa que nos hace iguales a todos.
Nadie ama más la vida que quien a conocido a la muerte, pálida señora que prodiga por igual sus encantos al rico y al miserable, al necio y al poderoso.
No busques la compañía de otros, ni siquiera de quien es afín a ti, pues la mejor lección de vida te la enseña la ausencia, la perfecta vacuidad, el eterno vacío..
Donde nada es antes durante o después, solo un eterno silencio.
Jamas el hombre podrá gozar de nada más hermoso, pues todo lo que como tal contemplamos es la efímera belleza de la mariposa, flor de un solo día.
Solo la nada es eterna, principio y final de toda y cada una de las cosas en el tiempo de los hombres...

1 comentario:


  1. Sólo con el agua en calma puede verse el lecho del lago.
    Sólo cuando no te mueves ni un ápice,
    acuden los peces dorados a besarte la piel;
    danzando a tu alrededor te brindan un homenaje.

    Un saludo, hermano Noctis.

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