jueves, 22 de agosto de 2013

LA ANTIGUEDAD DEL MUNDO

                                                                                                                   La datación oficial , históricamente hablando, de los primeros asentamientos humanos sigue esta linea temporal:
En el IV milenio a.C. las gentes de Mesopotamia empezaron a agruparse en núcleos de los que surgirán las primeras ciudades, lo que traerá consigo un cambio radical en la vida social y económica de la humanidad.
Durante Milenios, el hombre llevó una existencia itinerante, dedicándose a la caza o la recolección y viviendo en pequeños grupos, repartidos sobre amplios territorios. Según nuestros conocimientos, en el neolítico, con el desarrollo de la agricultura empezaron a constituirse aldeas más estables y también más pobladas, aunque sin pasar todo lo más de algunos centenares de habitantes. Fue únicamente en torno al año 3000 a. C. aproximadamente, cuando aparecieron los primeros núcleos de población a los que podemos dar el nombre de ciudad propiamente dicha . Este es el momento en que podemos hablar de “revolución urbana “ con todas las implicaciones que esto acarrea. Es indudable que propició un cambio de proporciones inmensas en el posterior desarrollo de la humanidad.
Esta gran transformación se inició en un espacio geográfico preciso: la cuenca del Tigris y el Éufrates, en el actual Iraq. Gracias a las condiciones naturales de la región, desde hacía tiempo había florecido allí la actividad agrícola y manufacturera, aprovechando a la vez una serie de innovaciones técnicas fundamentales, como el arado de sembradera, el torno de alfarero, la rueda o la vela. La construcción de una red de canales favoreció asimismo la agricultura y el comercio, mientras que la invención de la escritura permitió una mejor contabilidad de las transacciones económicas. Dentro de cada grupo humano se acentuó la división del trabajo, para atender a las nuevas demandas de una economía en expansión.

                                                                             Fue esta suma de transformaciones la que cuajó en la aparición de las primeras ciudades. Los historiadores siguen discutiendo sobre el papel que tuvieron en ello los sumerios, y sobre si éstos fueron un pueblo invasor o bien naturales de la misma región. La arqueología, por su parte, ha permitido descubrir la fisonomía de muchos de los núcleos mesopotámicos, como Ur, Uruk, Eridu o Lagash. Rodeadas por murallas de dimensiones a veces imponentes, estas ciudades estaban dominadas por los edificios religiosos, como los Zigurats. Pero también se han descubierto barrios de artesanos y mercaderes. En total, su población podía oscilar entre los 5.000 y los 20.000 habitantes.”
Fuente: National Geographic.


                                                                                                               "  No obstante, la historia tal y como la conocemos plantea muchos interrogantes. Muchos pueblos, de esa franja espaciotemporal, experimentaron un asombroso desarrollo en una franja de tiempo ridículamente pequeña. En términos temporales de muy corta duración, desarrollaron habilidades que normalmente lleva mucho tiempo más el descubrir, refinar, emplear, con los resultados que estas gentes obtuvieron. Astronomía, arquitectura, matemáticas, etc.
Aplicando el principio de la navaja de Occam, desestimamos toda suerte de teorías del tipo de la semilla estelar. Determinadas semejanzas halladas en los mitos de la creación, de diversas culturas esparcidas por todo el globo. Inducen a pensar que existieron culturas más antiguas, ya olvidadas y sus restos perdidos, que existieron mucho antes que la civilización tal y como la concibe la historia. Naturalmente, sin pruebas que lo acompañen, solo podemos especular y fantasear, sobre mitos como Lemuria, la Atlantida y demás. No obstante, también consideramos que en determinados pueblos primitivos, el posible contacto con miembros supervivientes de tales civilizaciones, bien pudiera haber adquirido la dimensión de “Dioses de las estrellas “. Los recientes descubrimientos en arqueología, a pesar de las trabas que por intereses creados entre ellos mismos se ponen, apuntan a que la antigüedad de la historia del hombre podría ser mucho mayor..."(Ophidian Gnosis)
                                                             Göbekli Tepe, "colina panzuda"



En octubre de 1994, el arqueólogo alemán Klaus Schmidt emprendió una misión de reconocimiento en el sur de Turquía. Schmidt había leído el informe de un arqueólogo de la Universidad de Chicago, que en la década de 1960 descubrió un montículo con restos arqueológicos en los alrededores de una aldea cercana a Urfa. En su opinión, el lugar no tenía gran interés, y sólo destacó la presencia de algún cementerio medieval y varios artefactos de sílex. Pero Schmidt tuvo una corazonada y quiso comprobarlo personalmente.
Schmidt y su equipo empezaron a buscar el lugar, al principio sin éxito. «Nos detuvimos sin ver rastro arqueológico alguno, sólo las huellas de los rebaños de ovejas y cabras». Al fin, a 14 kilómetros de la ciudad de Sanliurfa, localizaron un montículo que los lugareños llamaban Göbekli Tepe, «colina panzuda». Schmidt se dio cuenta enseguida de que el montículo no era natural, sino resultado de la actividad humana. En su superficie hallaron fragmentos dispersos de piedra caliza y gran cantidad de astillas de sílex: «Mientras nos aproximábamos a la colina, la superficie comenzó a brillar […]. Era como una alfombra de miles de cristales de fuego: fragmentos de artefactos producidos por el hombre».
En cuestión de minutos se hizo evidente la importancia del descubrimiento. Los arqueólogos pronto tropezaron con fragmentos de grandes bloques tallados e identificaron asimismo restos de escultura. La decisión de Schmidt estaba tomada: «Mi plan, que en este otoño era visitar aún muchos yacimientos neolíticos, se evaporó rápidamente en vista de este descubrimiento. ¿Cómo era posible que este lugar hubiera pasado desapercibido hasta ahora?»

Pilares y relieves

Las excavaciones se iniciaron al año siguiente y sacaron a la luz unas impresionantes construcciones megalíticas: al menos veinte círculos de pilares de piedra caliza, en forma de T, que presentaban determinadas características humanas y estaban decorados con una serie de relieves de animales, algunos muy refinados. Los análisis demostraron la enorme antigüedad del yacimiento, que se sitúa en torno a 9000-7500 a. C., es decir, en pleno Neolítico.
El conjunto está formado por varias estructuras sucesivas, construidas una encima de la otra. Aunque todavía no es posible establecer una secuencia cronológica clara, resulta evidente una fase más antigua en la que los pilares son más grandes, elaborados y ricos en relieves. Los monolitos de mayor tamaño (colocados en el centro de las estructuras) debían tener originalmente una altura de 5,5 metros y estaban tallados en una sola pieza que podía pesar 40 toneladas. En la fase más reciente se redujo el tamaño de los pilares y éstos se anclaron en el suelo con menos habilidad. Los relieves eran de menor calidad y las estructuras aparecían rodeadas de muros rectangulares. Al final, la actividad en Göbekli Tepe cesó por completo en torno a 7500 a. C.

¿Era un santuario?

En 2000, Klaus Schmidt expuso la teoría de que Göbekli Tepe fue un centro religioso en el Neolítico, lo que lo convertiría en el templo más antiguo de la historia; al menos seis milenios anterior al complejo megalítico de Stonehenge, en Gran Bretaña. Según Schmidt, el complejo habría sido construido por grupos de cazadores-recolectores que peregrinaban periódicamente desde un área de doscientos kilómetros a la redonda para celebrar rituales asociados a las fuerzas animales que se representaban en los pilares del complejo.
La interpretación de Schmidt se basa en los relieves labrados sobre los pilares de Göbekli Tepe. Estos pilares –comparables con los de los cercanos templos de Nevali Çöri, anegados por una presa de reciente construcción– parecen figuras humanas estilizadas, sin cabeza, con brazos esculpidos a cada lado y acabados en unas manos que se dirigen hacia el vientre, cubierto con una especie de taparrabos. Todos miran hacia el interior del círculo, «como en una reunión o una danza». Según Schmidt, representan el inframundo. La falta de cabeza se relacionaría con la costumbre de retirar los cráneos de las sepulturas. El enterramiento de las estructuras también resulta intrigante: ¿Perdían su poder espiritual con el tiempo? ¿O la ceremonia estaba asociada a algún hecho o personaje, como el jefe de un clan?


Teoría revolucionaria

Schmidt cree que el descubrimiento de Göbekli Tepe cambia nuestra comprensión del desarrollo del Neolítico. Frente a la tesis convencional de que la invención de la agricultura propició el paso a un modo de vida sedentario, Schmidt considera que en el caso de Göbekli Tepe el motor del cambio fue la religión. Fueron grupos de cazadores-recolectores seminómadas los que comenzaron a asentarse en la zona para almacenar y defender sus fuentes de comida con el objetivo de proveer al templo. Sin embargo, estudiosos como Ted Banning han puesto en duda que Göbekli Tepe fuera exclusivamente un centro religioso y no un asentamiento, así como que sus constructores fueran cazadores-recolectores, pues se han hallado pequeños molinos y hoces de sílex, propios de agricultores.
Las prospecciones geofísicas en Göbekli Tepe han mostrado que el yacimiento tenía 90.000 metros cuadrados de extensión y que aún quedan sepultados otros quince recintos. Al parecer, alguno de ellos podría ser más antiguo que los cuatro excavados hasta la fecha, remontándose a finales de la última glaciación, hace unos 15.000 años; sería, por tanto, 5.000 años anterior a las primeras evidencias de agricultura.
Por Susana Soler Polo. Historiadora., Historia NG nº 104

PARA SABER MÁS

«El nacimiento de la religión». National Geographic, junio de 2011.

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