viernes, 25 de enero de 2013

El jardin de los Dioses.


EL JARDIN DE LOS  DIOSES.                                                                                    La fruta del árbol del bien y del mal. ¿ Pueden determinadas drogas abrirnos el camino a nuevos mundos ?, ¿ Es posible emplearlas para percibir la realidad de otra manera ?. Culturas y tradiciones de todo el mundo así lo aseveran. Nosotros pensamos que si, no para todo el mundo claro esta. Los demonios interiores que pueden desatarse tras el consumo de determinadas substancias, pertenecen al ámbito del infierno que cada uno porte en su cabeza. Cuidadosamente integradas en nuestro paradigma, e incorporadas con precaución y estudio, pueden ser una herramienta eficaz en nuestro camino. Ha de hacerse con cuidado e incluso reverencia , la inquietud adolescente de unicamente “colocarnos” con algo distinto, puede tener fatales consecuencias, como han demostrado algunos jóvenes que han tonteado con cosas como el estramonio. Muchas de estas substancias, siempre se han empleado dentro de un contexto sacro. Formaban parte de rituales antiguos, de ritos de paso en el camino de la espiritualidad y el crecimiento interior. Casi siempre guiados o asistidos por un chaman o sacerdote, nada que ver con el consumo lúdico que contemporáneamente se les da. Os mostramos a continuación este documental realizado en el 2003. En el, gentes de toda índole, nos dan su aproximación e impresiones sobre el empleo de estas substancias.                                              

                                         El acercamiento a estas experiencias subjetivas 
nos ayuda a conocer el entramado cerebral que 
también se activaría durante genuinas experiencias religiosas –o espirituales–, que, como en toda 
vivencia humana, siempre remiten a esa base biofísica –el cerebro– que es fundamento de todas 
nuestras acciones, pensamientos y sentimientos; 
aquellas experiencias, no obstante, no serían reductibles a una mera actividad cerebral, remitiendo, respecto al fenómeno religioso, a un tipo de 
dimensión que sería interpretable desde otro tipo 
de parámetros epistemológicos. La religiosidad, 
por tanto, no tiene por qué ser catalogada desde 
una perspectiva clínica, cuya gradación es susceptible de valoración patológica, sino que, antropológicamente, constituye una dimensión humana 
más, con una constatada expresión transcultural.                                                        (Carlos Valiente-Barroso, Emilio García-García )

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