sábado, 26 de enero de 2013

Celebrando la vida y la muerte.

                                                                          “ Era el día del invierno, ese día que los hombres ahora llaman Navidad, aunque en el fondo sepan que ya se celebraba cuando aún no existían ni Belén, ni Babilonia,  ni Menfis, ni aun la propia humanidad. “                                                                                   ( El ceremonial -H.P.Lovecraft )                                                                                    Atrás queda el tiempo, en que el hombre entonaba un canto a coro con la madre. Hemos matado a la noche, espantado al invierno y rechazado sus labios de hielo. El viento ya no susurra sus consejos a nuestros oidos cubiertos. No hay ofrenda a los dioses, aquella en forma de aliento subiendo hasta el cielo. Se ha secado el pozo en el que saciaba su sed la memoria. Nuestro ciclos y ritmos actuales, no contribuyen en nada a mantenernos en comunión con nuestro entorno. Hemos perdido el sentido sacro de las cosas. No estoy hablando de ponernos ha adorar el sol. Estoy hablando de no perder el contacto con el medio en que vivimos. Podemos prolongar las horas de luz, cubrirnos de la lluvia y ahuyentar el frio. Evitamos el calor, el sudor y la tibia calma del mediodía estival. Todo ello, a nuestro entender, propicia que nuestros momentos de celebración tiendan a transformarse en fiestas de plástico. Cada vez sus formas son mas bastardas, más difusas, más lejanas a la esencia de la fuente que las propició.

                                                                      Quienes duermen en la noche al raso, solos, bajo un manto de estrellas. Quienes en la noche le hablan al vacío de la montaña, aislados de toda presencia humana. A solas con la memoria del hombre, que les es narrada a través de sus pensamientos. Los que sienten, los que viven, los que abrazan su insignificancia ante la marea del tiempo y las edades. Esos saben de que estoy hablando. Esos son quienes ven. Es por ello que nosotros damos la bienvenida al invierno. A sus fríos, sus lluvias, sus grises atardeceres. Es un tiempo de pruebas, de guerra y de subsistencia. De recogimiento y examen. De propósitos y renovación. El invierno es la memoria de un tiempo en que la existencia del hombre dependía del capricho de unos dioses ciegos. La forma de honrar todo esto es importante, no tanto en las formas pero si en el contenido. ¿ Cual es nuestro sentir en tiempo semejante ?. Nuestros ancestros de esto sabían algo, sabían cual era la fuerza del invierno y el precio del paraíso. Preparemonos pues para la llegada del invierno, para su enseñanza. Diseñemos nuestros ritos y nuestras días en consonancia con ella. El invierno enseña a no atarte a nada que no puedas ver morir. Pues hay que morir para vivir, una y otra vez, bailando eternamente el vals de los eones. Hubo un tiempo en que una mala cosecha, barbaros de un dios de acero y fuego, o el capricho de un tirano, apuraban el caliz de tus días de un sorbo. ¿ Quien celebra la vida y quien celebra la muerte ? Mira bien que rito es, en verdad maldito, yo celebro la muerte para bien entender la vida. Celebras tu la vida , ¿ y cierras la puerta a la muerte ? Nada hay que mas aterre y que antes te de alcance, que aquello que nunca conociste.
                                                                                Esta es para nosotros la fiesta que marca un año. Donde todo muere para después nacer. ¿ Que quieres tu, que buscas como celebrar el invierno ?. Solo te diré esto . Ve camino al monte tu solo o con los tuyos. Lleva comida, abrigo y un corazón dispuesto. Enfrentaos a la soledad, al silencio y a vosotros mismos. Dejad que el viento , la lluvia ,el frio y la noche os abracen. Después podéis hablar de ritos, dará igual entonces el modo en que se hagan. Pues su fuente, sera la misma que manaba en la noche del primer fuego del hombre.
 ( -La magia de los desterrados- Daniel noctis )


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